Posts Tagged ‘Tradición’

UN CARNAVAL SIN BRILLO

febrero 20, 2009

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Puedo estar equivocado, pero tengo la impresión de que el Desfile de Carnaval de Santo Domingo ha perdido brillo y supongo que adeptos.

Parto de mi propia experiencia. Años atrás no vacilaba en trasladarme hasta la avenida George Washington para vivirlo de cerca y dejarme contagiar del espíritu de júbilo que dominaba el ambiente. En el peor de los casos lo seguía durante horas por televisión.

Sin embargo, ya no me mueve. He visto con tristeza cómo los niveles de creatividad que le adornaban han ido en claro descenso. Es casi imposible hallar una carroza realmente atractiva como parte de la oferta.  No entiendo porqué se ha perdido tan interesante práctica. ¿Será que los requisitos de inscripción son menos exigentes que antes? ¿Será que utilizan la recesión económica como pretexto?

Tal parece que resulta más que suficiente que un grupo de hombres y mujeres se pinte de pies a cabeza y se disponga a caminar varios kilómetros para hacerse llamar comparsa.  Como si fuera poco, la velada exhibe últimamente una significativa reducción en el número de participaciones.

Ojalá que las autoridades competentes se tomen el tiempo de revisar con detenimiento las fortalezas y debilidades de cada edición.

Ojalá que el montaje de este fin de semana eche por tierra todas mis consideraciones al respecto.

Ojalá que en un futuro no muy lejano se invierta más en el desarrollo de una intensa campaña promocional y motivacional que permita, entre otras cosas, garantizar un involucramiento mayor de la ciudadanía -tanto de forma activa como pasiva-.

Sólo así podríamos rescatar el fervor masivo que en el pasado despertaba una tradición que además de muy alegre, es muy nuestra, y que vale la pena preservar.

LOS REYES Y YO

enero 7, 2008
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Algunos de los mejores recuerdos de mi infancia y temprana adolescencia están ligados al Día de Reyes. Cómo olvidar la indescriptible ilusión con la que recibía cada 6 de enero. Y es que, aunque siempre me quejé de que Santa Claus nunca se dejó sentir por estos lados (hasta mala fe le llegué a tener al frío señor barbudo), Melchor, Gaspar y Baltasar nunca me fallaron. Siempre estuvieron ahí, diciendo presente y recompensando tantos años de disciplina en los estudios, y sobre todo, de positivismo para afrontar las vicisitudes (como el accidente que sufrí hace ya 20 años).

Nací y crecí en el seno de una familia muy tradicional. Desde siempre mis padres se empeñaron en hacer que mis hermanos y yo nos dejáramos arropar por la magia de la Navidad para alimentar así la inocencia propia de la edad. Era costumbre que la noche antes nos trasladáramos en familia hasta la avenida Mella para disfrutar del famoso y multitudinario desfile de los Reyes Magos.

Me brillaban los ojos con sólo verlos de cerca por unos instantes. Les tenía muchísima admiración y aprecio. De hecho, ese mismo día, pero un poco más temprano, mi hermanita y yo teníamos el hábito de salir a la acera de enfrente para cortar un poco de pasto como regalo para los camellos en los que se suponía que llegarían a casa. Una vez concluida la misión, me dirigía hasta el colmado más cercano para comprar chicles, mentas, chocolates y un par de cigarros que les dejaba justo debajo del arbolito junto a un vaso de agua y, por supuesto la respectiva carta, a modo de agradecimiento.

Todo lo que les pedía, allí lo tenía. Mis hermanos y yo éramos afortunados. Por lo regular, nos dejaban presentes en distintos puntos: con mis padres, con mi abuela, y con tres de mis tíos. Sin duda, se trataba del mejor día del año.

Como a los 9 años de edad, mi realidad cambió drásticamente cuando al despertarme en la madrugada para ir al baño descubrí que los Reyes en realidad nunca pasaban por casa y que los responsables de complacer cada una de nuestras peticiones eran papi y mami.

Me hice el tonto y les seguí la corriente mientras pude, más que nada para que mis hermanos no se decepcionaran -yo soy el mayor de los tres-. El ritual que solía llevar cada 5 de enero no lo abandoné hasta mucho tiempo después.

Aunque no lo crean, la tradición de los Reyes se mantuvo en mi familia nuclear hasta el año pasado. Esta es la primera vez que ni a mí ni a mis hermanos nos dejan nada debajo del arbolito o la cama. De todas maneras, no me quejo. Siempre se portaron muy bien conmigo. Y ya era justo que se tomaran un “break”. Más adelante, y si Dios lo permite, seguro que nos tocará reencontrarnos para retomar la historia con otros protagonistas.