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BASTA DE MALOS TRATOS A LA PRENSA

agosto 24, 2008

Anoche me enteré de un hecho que, además de injusto, es denigrante. Yulendys Jorge me notificó que el periodista y escritor Vianco Martínez había sido sacado a “patadas y empujones” del Teatro Nacional por el equipo de seguridad del concierto de Pedro Guerra.

La historia va así: Unas horas antes del show que produce en el país Saymon Díaz, Vianco había acordado con el músico y su esposa María que le concederían una entrevista previa al último ensayo. Llegado el momento, Vianco le recordó el compromiso a María, y ésta a su vez le pidió que le esperara unos minutos más a que Guerra terminara de grabar una entrevista para televisión con Luz García. Es entonces cuando sale de la nada Rafael Vargas -un agente de seguridad que, según investigaciones, preside la compañía Centauro Security Group- exigiéndole salir de allí, y tirando contra el suelo su grabadora y celular. A seguidas, otro “seguridad” se encargó de romperle el cuestionario que había preparado para su encuentro con el intérprete, lo tomó por el cuello, le retorció el brazo derecho y lo arrastró -como si fuera un animal- hasta el área de parqueo donde, como si fuera poco, le propinó varias patadas. Un acto que, sin lugar a dudas, es brutal, sucio, bajo, innecesario, inhumano. Punto.

Lamento sobremanera que se haya tratado de un evento organizado por alguien que aprecio, pero no me podía quedar callado. Es verdaderamente avergonzante que sigamos siendo víctimas de atropellos semejantes. Ya es hora de tomar cartas en el asunto. No sólo maltrataron de la peor manera a un periodista que sólo hacía su trabajo, sino a un ser íntegro, lo que es aún peor. No hay derecho.

Hace unos momentos, Yulendys me llamó desde el Palacio de la Policía Nacional donde se encontraba junto a Vianco poniendo la querella correspondiente. Y espero sinceramente que se haga justicia en este caso que ya se está volviendo costumbre.

Desde aquí me solidarizo plenamente con Vianco, y exhorto a todos los colegas comunicadores y muy especialmente a todos aquellos ciudadanos que día tras día se dan su vuelta por esta bitácora, a alzar sus voces de protesta. A unirse a la causa.

JUSTO POR PECADORES

agosto 22, 2008

Perdí la cuenta de las veces que consideré hacer este post. Temía sonar indolente. Pero mi paciencia se agotó, excedió sus límites, y no me queda más remedio que hacer catarsis.

Día con día los vemos en las calles. Nos toman por asalto en cualquier intersección. No sé cómo será en otros países, pero los de Dominicana se creen dueños del mundo, con derecho a todo.

Los “limpia vidrios” y la gente que se quiere ganar el dinero más fácil de la cuenta me tienen HARTO. Disculpen la expresión, pero es así como lo siento de corazón.

Cómo es posible que cada vez que tengamos que frenar por un semáforo en rojo, veamos que una esponja mojada y sobre todo asquerosa choca con los cristales de nuestros vehículos. ¿Y si lo acabo de lavar? ¿De qué sirve semejante acción cuando está lloviendo? ¿Desde cuándo estoy yo obligado a pagar por un servicio que no pedí? De verdad no lo entiendo. En vano he tratado de hallar las respuestas a mis interrogantes. Es una falta de respeto.

Lo peor es que se enojan contigo si les impides llevar a cabo su rutina. Uno de ellos me regaló la famosa ofensa que se hace con los dedos por no haberlo dejado salirse con la suya. Otro me dijo hasta del mal que me iba a morir. Y en una ocasión hasta me rayaron el carro.

El caso de la gente que quiere vivir fruto del esfuerzo de otro es aún más molesto. Sin inmodestias, puedo decir que siempre me he identificado con las necesidades del prójimo. Desde niño me involucro en importantes causas sociales. Sé que no todos corremos con la misma suerte, y que dando un poco de lo que tenemos podemos contribuir a mejorar el estilo de vida de muchos.

Yo soy muy bueno por las buenas, por las malas, muy malo. Tenía por costumbre regalar todas las monedas que cargara conmigo a quienes se posan en cada esquina o tocan los cristales laterales del auto en busca de ayuda. Lamentablemente, ya no lo hago. Una serie de sucesos desafortunados me arrastró a cambiar de opinión. Y ahora todos pagan “justo por pecadores”.

En una oportunidad vi a un hombre al que le faltaba una pierna, y al que traté de apoyar, salir caminando en plena Churchill. Qué descaro. Pero la anécdota que rebozó la taza es ésta:

Una tarde, mientras salía de Milenium -emisora en la que trabajé durante 5 años-, un señor me contó (con llaves en mano) que su carro se le había quedado varado en plena Gómez con Kennedy. Me sonó convincente, me puse en su lugar, y le di 50 pesos. Al final del día, me sentí súper bien de haber sido útil. Hasta ahí todo perfecto. Al día siguiente, cruzo por la misma calle y, créanlo o no, el mismo señor me abordó con la misma historia. Me puse pálido. La indignación que me provocó es indescriptible.

Cuál es la necesidad de jugar sucio. Qué les cuesta ganarse las cosas fruto del trabajo como la mayoría. Hasta cuándo seguiremos siendo víctimas del engaño de oportunistas.